El fast fashion y la despersonalización del estilo

Puede sonar un poco ancestral, pero hubo una época en que el estilo se creaba y evolucionaba con el tiempo, con muchas pruebas, aciertos, errores, repeticiones y reflexión. La moda, crean o no los más jóvenes, ya fue algo más lento y bastante más intencional. Desde la calidad de lo que nos vendían, hasta la imposibilidad de comprar ropas todos los meses, las condiciones nos posibilitaban (y en la mayoría de las veces nos obligaban) a ser mas selectivos, conscientes y creativos al comprar y elegir qué y cómo vestirse.

 

La velocidad en que opera el fast fashion y el ultra fast fashion simplemente «mató» eso para muchos de nosotros. Dejamos de confiar en nuestra propia ropa y eso pasa porqué la velocidad sacrifica materiales, calidad, construcción y durabilidad con la promesa de darnos más opciones. Pero cuándo tu ropa pierde color y forma rápidamente, es muy probable que no sienta la misma confianza en utilizarla para expresar tu estilo. De esta forma tenemos extremadamente limitado el tiempo necesario para crear conexión con lo que tenemos disponible en el closet y entender lo que realmente nos identifica. Es más fácil seguir el próximo trend qué dedicarse a refinar tu estilo.

 

El fast fashion es la moda algorítmica. Las redes sociales premian lo repetitivo, lo viral y lo instantáneo. Un día despiertas y todos están volviéndose locos de la nada por el beige y por las siluetas old money. Sí eres de las personas qué sigue muy de cerca los trends, llega un momento en qué tu estilo deja de representarte y pasa a ser un reflejo de lo que te entregan las redes.

 

No estoy diciendo que la moda «lenta» no sigue ninguna tendencia. Los ciclos de cambio son obviamente necesarios tanto por identidad, ocasión e incluso por cambios estacionales. Ya que finalmente necesitamos tener qué vestir en variados contextos y bajo distintas necesidades.

 

Entonces ¿cómo podemos vestirnos bien sin contribuir a los muy bien documentados impactos de la industria? La propia urgencia a la que nos vemos obligados a vivir actualmente, nos hace priorizar lo inmediato incluso a la hora de vestir, sacrificando la pausa qué nos permite observar y apreciar los detalles. Cuándo hablamos de elegir, el problema no reside solamente en los precios si no también en la velocidad y en el volumen de nuestro consumo y eso sí podemos cuantificar y regular.

 

Por alguna razón el vintage jamás deja de ser tendencia, cada año una nueva «estética» es encuadrada en esta categoría. Personalmente no considero qué buscar en el pasado sea pura nostalgia, si no también la necesidad de reconocer en él un propósito. Hay muchas cosas qué sí valen la pena resucitar actualmente.

 

Prueba sin perjuicios. Aprende a coser y a reparar, de una nueva oportunidad para esta prenda qué ya lleva años en tu ropero sin ver la luz del día, intenta nuevas combinaciones con lo que ya tienes, haz un esfuerzo para que tu ropa dure más, aprende a identificar buenos materiales, compra de segunda mano. Desafíate, puede sonar radical, pero con el tiempo vas a notar qué pensar y actuar en esta dirección se trata de un gran acto de amor propio que además es sostenible con el planeta.

 

Al abrazar nuestro propio estilo y priorizar la calidad por sobre la cantidad, podemos obtener múltiples beneficios: gastar menos dinero, descubrir nuevos materiales, y fortalecer nuestra autoestima y confianza.

 

 

Hemerson Coelho
Hemerson Coelho
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